[Turismo] Estudiantes de Arqueologia Rosario-Pueblos Originarios

Claudia NAyA Coceres cmc en naya.org.ar
Lun Jun 13 09:16:49 ART 2005


¨Este documento ha sido redactado por los 
estudiantes de la Escuela de Antropología de la Universidad Nacional de 
Rosario. Reunidos en Asamblea en septiembre del 2004. El mismo ha sido 
avalado por las VII Jornadas Rosarinas de Antropología Sociocultural, como 
así leido en el Foro de discusición entre los pueblos originarios y 
arqueólogos, realizado en mayo del 2005 en la cuidad de Río Cuarto¨.
Esperamos noticias al tema y te mandos un saludo.
Estudiantes de la Escuela de Antropología de la Facultad de Humanidades y 
Arte, Universidad Nacional de Rosario

HASTA LAS COPLAS NOS ACOMPAÑAN Reflexiones sobre el accionar 
científico de principios de siglo Intihuamani, Daniel Paz y Teresa Lucero, 
representantes de la œComisión de Juristas Indígenas Argentinos y de la 
œAsociación Indígena de Arte, Cultura y Educación se hicieron presentes 
en el XV Congreso Nacional de Arqueología Argentina, manifestándonos 
los inconvenientes acaecidos en la provincia de Salta en relación a los restos 
humanos de los niños del Llullayllaco, que en estos momentos se encuentran 
en las instalaciones de la Universidad Católica de esta misma provincia, con 
la intención de ser exhibidos en el Museo de las Alturas, prontamente a 
inaugurarse. Dicha intensión, motivada por objetivos turísticos, llevó a los 
pueblos originarios del país a pedir el apoyo de la comunidad científica. Los 
representantes de estos pueblos, quienes durante decenas de años han 
recibido a los científicos en sus tierras y sus costumbres y les han dado 
apoyo en sus iniciativas, recibieron una respuesta mayoritariamente 
negativa, por parte de la Sesión Plenaria de dicho encuentro. Esto sucedió en 
el congreso que llevó el eslogan œArqueología, ciencia de la memoria y de la 
vida. Esta reunión convoca, por tratarse de un congreso a nivel nacional y 
haciendo honor a la palabra plenaria, a los investigadores más sobresalientes 
de la Argentina y a gran número de graduados y estudiantes. Se puede decir 
que todos los profesionales de la antropología y la arqueología que allí se 
encontraban representaban al grupo de mayor influencia y con poder de 
decisión del país. Frente y entre nosotros teníamos presentes a aquellos 
científicos que escribieron los artículos que, durante tantos años, estudiamos 
y debatimos. Y quienes estuvimos presentes, tuvimos la oportunidad de 
enfrentar dos instancias diferentes que dieron cuenta de la ética y de la 
moral de quienes se expresaron: lo ideal y lo práctico; lo propuesto y lo 
hecho; lo que se dice en un artículo y lo que se hace fuera de él. Las 
comunidades aborígenes llegaron a la sede del XV Congreso Nacional de 
Arqueología y participaron del mismo. En la citada reunión explicaron sus 
intenciones de elevar una carta a la Presidencia de la Nación con el fin de 
reclamar la no exposición de restos humanos e instalar el debate acerca del 
traslado de los mismos a su lugar de profanación o comunidad respectiva, ya 
que la sola acción de haberlos extraídos incurre en haber violentado los 
derechos ya adquiridos por los pueblos originarios (Ley 23.302, artículo 75, 
inc. 17 de la Constitución Nacional; Convenio 169 de la O.I.T., entre otros) 
Pero lejos de ser ello sólo una comunicación, una demostración de lo que 
harían como organización, fueron más lejos y se tomaron un atrevimiento: 
pidieron el aval del congreso. Ellos, en tanto representantes de estos 
pueblos, se dirigieron a los mismos científicos que hacen de su vida un 
repensar constante “por lo que en los artículos se lee- acerca de cómo se 
debe llevar a cabo una ciencia que compromete materiales que conforman, 
nada menos, que el patrimonio cultural de la gente, esos materiales sobre los 
cuales desde hace decenas de años se piensa qué, cómo y para qué hacer y 
someter a análisis y debate. Y sabiendo todo esto acerca de quienes trabajan 
en el tema es lógico que se dirijan a ellos para pedir un aval, un apoyo. Una 
acción recíproca. Es coherente pensar que, habiendo una entidad llamada 
œcomunidad científica, que se dedica entre otras cosas, a especificidades 
como lo son la repatriación de cultura material, se piense en ella a la hora de 
la acción. Lo que no es lógico ni coherente es que ese apoyo haya sido 
negado por la mayoría de los asistentes al congreso con derecho a voto. Y lo 
más increíble fueron los fundamentos de quines lo negaron. En primer lugar, 
se encontraba el fundamento de que no se debe tomar una decisión tan 
importante sin antes reflexionar acerca de la repatriación: qué pasa entonces 
con los materiales que trabajó el arqueólogo que dio este fundamento ¿los 
utilizó sin reflexionar acerca de la pertenencia de los mismos? ¿o acaso al 
utilizarlos como material de investigación y moverlos de su sitio original no 
tomó una decisión político-ideológica en cuanto a la pertenencia de esos 
materiales? Es decir, si las momias del Llullayllaco fueron extraídas de su 
sitio original, evidentemente se tomó una decisión ética relacionada a su 
destino. Es falaz adjudicar una duda epistemológica (qué hacer con los 
restos humanos arqueológicos) frente al reclamo de los pueblos originarios, 
si en otras situaciones ya se han llevado a cabo acciones metodológicas 
concretas relacionadas al mismo problema (utilización de restos humanos 
arqueológicos). Es una contradicción. En segundo lugar, se encuentra la 
fundamentación clásica de quienes desean conservar el status quo 
institucional: decir que la repatriación de restos materiales es una amenaza 
para el futuro de la arqueología. Este argumento, quizás más peligroso que 
el anterior, carece de todo análisis profundo y social de la problemática 
antropológica y arqueológica. Pondera el fin y justifica los medios de una 
ciencia opuesta a la crítica, y por lo tanto sin memoria y en contra de la vida 
del eslogan. Porque memoria es reflexión. Memoria es reconocer que tanto 
la antropología, como la arqueología deben dejar de existir como ciencia de 
la clasificación de lo exótico, manejadas por instituciones hegemónicas que 
dictan puestos y evaluaciones. No debemos negar y hacer a un lado temas 
que tarde o temprano -como quedó demostrado en el congreso- se harán 
manifiestos. La antropología y la arqueología son mucho más que el manejo 
de bienes culturales, y por lo tanto, una crítica teórico-metodológica no 
implica un futuro funesto. La antropología y arqueología como ciencias 
vivas no deberían mezquinar el apoyo a una postura que defiende la 
búsqueda de identidad. Una arqueología con memoria vive el olvido y 
reflexiona sobre él. La decisión final del congreso, por votación, fue crear 
un foro de discusión que trate la problemática generada. El mismo se 
celebrará en mayo de 2005 y tiene promesas de asistencia y expeditividad 
para con la resolución del problema. Nos queda esperar. En su libro œTiestos 
dispersos, Alberto Rex González dice: œ(¦) me lastiman las historias 
perdidas. Quizás por so dediqué mi vida a tratar de recuperar la de los 
pueblos hoy desaparecidos. Aportar algo al conocimiento del pasado 
autóctono de mi país y de América Los representantes de los pueblos 
originarios, aparte de esta intervención política en el congreso, tuvieron una 
participación artística: interpretaron una serie de coplas como parte del 
homenaje al Dr. Alberto Rex González, quizás como agradecimiento a una 
vida en relación a las anteriores palabras. También es posible que estas 
comunidades identifiquen a sus pueblos como algunos de esos que pueden 
perderse. Las coplas fueron aclamadas por la asamblea porque fueron bellas 
e inteligentes, características que también podrían haber sido descriptivas de 
su propuesta política, aunque no fuera ésta aclamada por el mismo grupo. 
œHasta las coplas nos acompañan fue quizás la triste y cierta conclusión a 
la que llegaron estas personas que nos comunicaron su necesidad, por un 
apoyo que les fue, en esencia, negado. El tiempo y el uso que les demos, 
dirán si estas palabras que aquí se leen, terminarán tan infértiles como las 
que criticamos, que no encuentran en la acción, el reflejo de la forma que 
tienen en el papel. Creemos que nuestra tarea, ahora que nos expresamos, es 
la de profundizar el análisis crítico de nuestras acciones en relación a la 
difícil empresa de ser científicos. Empresa que implica tomar partido, hacer 
política, contemplar las diferencias y, una vez que este trabajo este en 
marcha, de vez en cuando escuchar algunas coplas y cantarlas en conjunto. 

 Claudia Maria Coceres
     Directora del Equipo NAyA
     cmc en naya.org.ar
     coceres_claudia en yahoo.com.ar
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